jueves, 25 de diciembre de 2014

Todavía tengo humo en la garganta.

Hay algo en tu mirada, en la forma en la que me mirás. No sé bien qué significa, pero me hacés sentir bien.
Porque me hacés sentir cosas que jamás he sentido.

Sé que tenés una marca de nacimiento sobre la rodilla derecha, y que tu inseguridad sobre tu pelo es absurda. Si supieras cuánto valés para mí. Si te vieras a través de mis ojos.

Y aunque me decís que te tengo, que sos mía, te sigo sintiendo inalcanzable, intocable. Mis manos nunca serán dignas de tocarte.

Me encantan tus labios con sabor a algodón de azúcar, y la forma en la que te pasás la mano por el pelo en la playa porque decís que la sal del mar te lo deja seco.

Y la forma en la que te tirás en el pasto sin que te importe mojarte porque llovió el día anterior, y el rocío se derrite en tus dedos, al igual que yo.

Y no me doy cuenta, pero de la misma manera en la que me derrito entre tus dedos, me destruís, me tirás abajo, me hacés blanda y vulnerable. Y ya no me importa, porque estoy con vos.

Y me voy entregando a vos, porque me olvido de todo. Y me vas consumiendo cada vez más.

Y me olvido de que las chicas que juegan con fuego son divertidas y encandilan, pero te pueden quemar.

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